Don Dieguito El Contrabandista

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DON DIEGUITO EL CONTRABANDISTA. (YO CAMPO POR MIS RESPETOS, PUES A NAIDES TENGO MIEDO.) No. 6.

Este periòdico, como lo indica su título, saldrà á la luz cuan¬ do el tiempo lo permita, y haya oportunidad para dar un golpe de mano. - Se vende, para el que lo quiera comprar, en las administraciones de correos à medio real.

PAZ DE AYACUCHO: MARTES 10 DE ENERO DE 1837.

NOTICIAS IMPORTANTES.

Como lo habíamos anunciado en nuestro periòdico, la Corte Marcial de Chile conmutò la pena de muerte pronunciada por el Consejo de guerra, contra Freire y demás complices, en diez años de destierro. Portales en su encono ha mandado á los presos à la Isla, y segun su tactica iovasora de las garantias è independencia del poder judicial, ha ordenado se forme causa á dicha Corte marcial que no ha suscrito á sus planes liberticidas. Este paso le ha hecho perder terreno y la opinión se va pronunciando cada día con más fuerza hasta que llegue el estallido que no está lejano. - Nos advierten nuestros corresponsales de Val paraiso, haciéndonos una lamentable pintura del estado de aquella plaza de comercio, que de ninguna manera los especuladores Bolivianos deben exponerse en hacer negocioaciones directas con aquel puerto, ni comprometerse los individuos pasando á el; que se limiten á especular en Cobija y Arica, haciendo las compras en estos dos puertos, para no arriesgar los fondos más allá, porque las prevenciones de Portales son temibles y les podría costar cara cualquiera imprudencia. El tratado no solo de comercio y navegación, sino también de alianza entre el Estado del Ecuador y el Gobierno de la Confederación, se firmaría en Noviembre 18, pues estaba hecho y concluido entre nuestro Pleni ptenciario y aquél Gobierno. La brillante acojida á nuestra escuadra ha disgustado al que bajo el nombre de Almirante manda la de Chile, quien venía desengañado de encontrar cooperadores en el Norte para continuar sus tontas correrias en el Callao, donde el solo lograra incomunicarle pues no puede haber bloqueo. En una palabra1, esta guerra de sainete será una farsa en la que los elídenos habrán hecho un papel bien ridiculo. El Gobierno del Ecuador ha ofrecido una escolta de goletas armadas con artillería gruesa para seguridad de nuestros buques en el caso de que los chilenos según su derecho maritimo portalino , quieran violar la neutralidad del territorio, que intentaron. El Sor. Gonzalez enseñó los dientes en una nota fecha 21 de Noviembre dirijida al Almirante Blanco Cicerón Encalada, y este tuvo que agachar la cabeza y principiar á respetar a un gobierno formal, y desistir de las instrucciones dadas por el Gobierno portalino , que no reconoce freno alguno, y para el cual el derecho internacional es letra muerta. La misión de Javier Rosales á Buenos Ayres ha tenido el mismo resultado que la del enviado al Ecuador. Los chismes y embustes de aquel ministro de Portales no han servido sino para desmentir al actual gobierno de Chile acerca de los enredos fabricados, y calumnias descaradas vertidas sin concierto contra el ilustre Jefe de la Conferederación Perú Boliviana. Sin duda Portales habrá enviado también agentes á Otaiti y á Sandwich para pedir alianza ofensiva y defensiva contra Santa-Cruz. Hagase su voluntad maritima hasta la realización del negocio, y después salga el sol por Antequera. Amén.

PERIÓDICOS DE CHILE Ó DE PORTALES. Hemos leído algunos números del mercurio de Valparaíso que no contienen sino bagas declamaciones y noticias exajeradas ó enteramente falsas. Omitiremos contestar á esas declamaciones y desmetir las noticias: porque

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los hechos que todos los están viendo con sus propios ojos toman á su cargo este oficio. Nos contraeremos sin embargo a decir algo sobre dos pensamientos orijinales que hemos hallado en dichos periódicos, los cuales nos parecen dignos de algunas observaciones, El primero es que el Protector de la Confederación PerúBoliviana, esta dictando en los Estados del Perú decretos sobre todos los ramos de la administración, sin proponerse consultar en ellos el acierto, y si ostentar que su atención y cuidado se estiende á todos ellos. El otro es parecido á los quiméricos vencimientos, que el héroe de la Mancha se imajinaba en su caletre, todas veces que le apretaba á salir por los campos su ardiente deceo de enderezar tuertos, y desfacer agrabios. Dice asi—un empuje por el norte, otro por el sud, y unas ráfagas de mal, daran en tierra con el edificio que ha lebantado el Protector. Ningún hombre de juicio puede negar á vista de los trabajos del Gobierno Protec¬ toral, que en los Estados del Perú todos los de la administración, han recibido refor¬ mas útiles y mejoras importantes. La hacien¬ da se ha regularizado. Hay fidelidad en las recaudaciones, economía y pureza en las in¬ verciones. La administración de justicia tiene ya reglas claras de proceder y leyes penales o civiles à que sujetar sus fallos: el ejército no es una manga de pretorianos prontos à empu¬ ñar las armas al arvitrio de sus inmediatos je fes; es una reunion de ciudadanos que obede¬ cen á la autoridad legal, y hacen respetar las leyes y los majistrados: el ciudadano goza de su propiedad, y cuenta con la seguridad de su persona, mientras no obra en sentido contra¬ rio á la ley: se han desostruído los manan¬ tiales de la riqueza pública, que ya empieza a prosperar. ¿Quién ha obrado estos prodrijios, quien ha producido estos bienes que son el único fin à que aspiran las sociedades ? Sin du da han sido los decretos y actos del Gobierno Protectoral, en los cuales se ve consultado el acierto con la mejor previsión y sagacidad: y ¿dónde es que ellos han surtido tan admirables efectos? Precisamente ha sido en los estados del Perú donde la anarquia todo lo destruyó, donde ella habia sembrado los odios y la des¬ confianza: donde en fin ella habia re ajado to¬ dos los resortes de la moral pública. Es pre¬ ciso traer a la memoria el estado político an¬ terior del Perú, y compararlo eon el presente para valorar eon exactitud la importancia y utilidad de los trabajos administrativos del Pro¬ tectorado. Suponen los editores del mercurio que el actual orden de los Estados del Perú, se conserva unicamente à merced de las ba¬ yonetas que cubren aquel pais en número tri¬ ple del que el Virrey Lacerna tenia el año 24; mas esta supocisión la han tomado ellos de los emigrados del Perú aterrados todavia con los rayos de Yanacocha y Socabaya, y los cuales se empeñan en hacer creer que en Chile que el pueblo Peruano participa de sus opiniones. La mayor parte del ejército confederado que existe los estados peruanos, es peruano. Los pueblos que se mantienen pacíficos y obedien¬ tes á las autoridades constituidas. Esos pue¬ blos que en otro tiempo se lebantaron en ma¬ sa contra la rebelión de Gamarra y Salaverri son peruanos, y nadie mejor que ellos puede desmentir a los emigrados. Esos pueblos ma¬ nifiestan muy à las claras con su fidelidad à las leyes, con su invencible resistencia à las sujestiones del Gobierno de Chile y de los emigrados, que su voluntad, que sus votos es¬ tan adheridos con su propia conveniencia al Go¬ bierno protectoral, ¿y quién ha arrancado esta confianza, esta lealtad acia al Gobierno, sino es la misma política del Gobierno cuyos actos van marcados con el sello de la justicia y de la conveniencia pública? Los editores del mer¬ curio saben que en Chile van las cosas de un modo enteramente distinto. Continuos amagos de revolución: proscripciones repetidas: des¬ contento y murmullo contra la administración, ¿cuál es la idea que estos sintomas funestos nos pueden hacer formar del Gobierno actual de esa República? Es sin duda que el Ministe¬ rio no ha sabido trabajar por la dicha públi¬ ca; así como ha trabajado en el Perú el Go¬ bierno Protectoral, atrayéndose el voto públi¬ co con esa cconstancia y tino, que los editores del mercurio, llaman mania de lejislar. Una de las causas y tal vez la mas po¬ derosa de las revoluciones del Perú, ha sido la manía de que se apoderaron los aspirantes, da harerce órganos de la voluntad del pueblo. Ellos al tremolar el pendón de la anarquia, gritaban de voz en cuello, que el Perú no estaba con¬ tento con el Gobierno. Entre tanto fuese asi ó no, que era lo más regular, estos rebolto¬ sos lograban su fín que era el apoderarse del mando y oprimir al pueblo. Las lecciones de la esperiencia no han correjido a estos mania¬ ticos, y arrojados del Perú á Chile quieren sostener allí su pretendida misión de inter¬ pretes de la voluntad del pueblo. ¡Miserables! ¿hasta cuando durará su alucinamiento? Los pue¬ blos no tienen interés alguno en que esos po¬ cos emigrados dispongan de los destinos. Son por eso muy diferentes las opiniones de los unos y de los otros. Los decretos del Pratector han contenido ek desenfreno de los demagogos: han atadonlas manos de los estafadores públi¬ cos: han asegurado al labrador, al comercian¬ te, al artezano, el fruto de su industria. ¡sa¬ ludables decretos esclaman estas claces labo¬ riosas que son las que forman el pueblo, pues que à su abrigo gozamos, y recojemos los pro¬ vechos de nuestro trabajo, y nos saboreamos con los dones de la paz y seguridad! Que los emigrados en Chile griten y cla¬ men contra el Protectorado: que entonen can¬ ticos fúnebres sobre la tumba de la anarquia, que fue su bien andanza, puede ser pasable; porque, a algún consuelo han de apelar en su de¬ sesperación. Lo estraño es que los escritores Chilenos [si son chilenos] se hagan tutores de los emigrados, olvidando los intereses de Chi¬ le, que únicamente devieran animarlos. Pocas veces hemos visto que ningún Gobierno se deje arrastrar pur las sujeciones de extranje¬

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res apacionados ó despechados. Los directores de las naciones no consultan sino los verdaderos intereses de los pueblos que gobiernan. Estaba reservado á la administración de Portales tomar a su cargo la tutela de unos pocos abentureros y comprometer por ella, el reposo y fortuna de su nación. Se ha realizado el empuje que los editores del mercurio esperaban por parte del Norte. Establecida la paz entre el Ecuador y la Gran Confederación Perú Boliviana, ha pro- beido el Gobierno Ecuatoriano á su seguridad futura, guarneciéndola con una barrera insuperable cual es un tratado público, cuyo garante es la nobleza, la buena fe, y la política justa y americana del Protector. ¿Podia este Estado mirar con ojos rezelosos el establecimiento de la Gran Confederación: podria temer algo contra su comercio, contra su independencia ó contra su integridad? Pues bien. Todos sus temores han desaparecido y quedan á cubierto para siempre esos derechos sagrados que toda nación está obligada á precaber, de cualquiera tentativa que los pueda menoscabar. Ha bastado para lograr ese fín tan noble, un empuje de la razón. Empuje digno de la civilización del siglo en que vivimos. En vez de acudir al remedio incierto y problemático de ;a guerra: en vez de provocar una agreción que fue el primer eslabón de una larga cadena de guerras; ha apelado al tribunal de la razón en el que ha asegurado los intereses que debían ser el objeto de la contienda. ¡Útil lección para los Gobiernos que quieran aprovecharla! ¿Qué fuera del jenero humano si unas naciones se armaran contra otras sin alegar otro derecho que temores y recelos vanos é infundados? ¿De qué utilidad sería entonces el uso de los tratados públicos que lo han mejorado las luces de la filosofía? Señores editores del mercurio ¿qué dicen UU. del empuje del Norte? Bamos á ver que el que nos anuncian de la parte del sud. La Republica Arjentina lejos de producir queja alguna contra Bolivia, no puede menos que tributarle su agradecimiento por las consideraciones que nuestro Gobierno ha dispensado alternativamente á los Argentinos, sean federales, unitarios ó neutros. Una muchedumbre de ellos ha venido a vivir entre nosotros, huyendo del incendio que ha abrazado en territorio Arjentino, y ha merecido la mas benigna acojida. El comercio de Bolivia, les ha brindado una decentes pasadio. Potosí, Chusiquisaea, Cochabamba, la Paz, Orturo y Santa Cruz, tienen actualmente en su seno muchos ciudadanos Arjentinos quieran retribuir con una agreción injusta, la jenerosa hospitalidad que Bolivia ha dispensado á sus súbditos? Los unitarios tienen que reconocer esta hospitalidad magnánima en los que pertenecen á su causa, y los federales respecto a los que han venido á Bolivia á tomar asilo contra aquellos. ¿Como pues hablamos de creer que la recompensa de estos beneficios, sea un insulto al decoro nacional de Bolivia y á sus derechos soberanos? Así como somos amigos de los Arjentinos: así como lamentando sus infortunios, los hemos albergado jenerosamente, y hemosderramado en su socorro nuestros caudales; nos levantaremos en masa á vengar la negra ingratitud que nos predicen los editores de Mercurio, ofendiendo sin embargo ellos mismos el pundonor arjentino incapaz de mancillarse, en nuestro concepto, con tamaña afrenta. ¿Y pudiera realizarse esa agreción? ¿Nos fuera temible? Todos sabemos que las provincias de la unión, aunque precariamente disfrutan de paz, no han podido aún erijir un centro de apoyo, que las haga marchar bajo un cuerpo de nación. Los mismos arjentinos nos repiten en nuestras sociedades particulares, que hallan muy dificil la organización de su patria. ¿Pensarán las provincias en una guerra exterior cuando todo su afán y su empeño se contrae ahora á reunirse y crear un Gobierno jeneral? ¿Estarían seguras de que el jefe á quien se entregue el mando de las tropas expedicionarias, en lugar de venir à Bolivia, no se revele contra ellas alzando la bandera unitaria que ha inundado en sangre los campo» arjentinos? ¿Donde están finalmente, los elementos de guerra necesarios para la anunciada agresión en un país á quien la guerra civil ha sumido en la miseria y en la desolación? Nosotros en lugar de creer en el reto de los editores del Mercurio, hacemos votos por la rejeneracion de la República Arjentina. Mas no concluyan de nuestra incredulidad los editores del Mercurio, que tememos la agresión que gratuitamente suponen. Poseemos un aparato bélico con que hacer frente a un enemigo mucho mas poderoso, que fuera en ese caso un ejército Arjentino. Hombres, armar caudales todos nos sobra para no dejar que inpunemente se viole el territorio sagrado de la Patria. La bandera tricolor no sabe humillarse delante de sus enemigos. En nuestras ciudades se respira patriotismo y honor. Nuestra seguridodad no conciste en cinco caserones viejos y pesados. Un millón y terscientas mil almas forman el valladar inexpugnable del decoro, y de la integridad de Bolivia. S.S. editores del Mercurio no tenemos el empuje del Sud con que nos amenazais. El edificio levantado por el Protector es la gran montaña del Illimani inaccesible á los empujes del Norte y del Sud y á las ráfajas del mar.

De las guerras justas é injustas, reflexiones acerca de la que nos ha suscitado D. Diego Portales sin previa declaración.

Tam verum est justitiam in bellis suscipiendis rez (?)

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quiri, ut tí etiam qui bellum ambitiosé aut avare aliis inferunt, ac prainde injustam, iidem praemtextum tamen sui coepti justum captent aliquem, nimirum suam utilita¬ tem desinientes esse justitiam (Herodoto).

Entre dos naciones que se creen iguales é inde¬ pendientes, como Chile y el Perú por ejemplo, y que hasta aquí se han respetado mutuamente como tales, ha existido y debe existir una justicia soberana, imparcial. Sin derechos respectivos han sido los mismos que los que cada hombre tiene para su conservación, seguridad y definida sus propiedades. Asi como la justicia es¬ ta en posesión de los tribunales peculiares y adecuados para reprimir los atentados de aquellos que transtornan el orden natural, igualmente la justicia de las naciones posee un tribunal universal para juzgar de la condicia de los pueblos y de los gobernantes; sin esto, el géne¬ ro humano llegaría á ser la victima del vandalage y de la licencia. Advertir á las naciones, suminístrales los medios de resguardarse contra las arterias de la ambición y del egoismo, descubrir el motivo, objeto y fin de tales in¬ vaciones, es un deber que nos prescribe e1 cargo que nos hemos impuesto; y la caridad nos aconseja velar con prudencia en el ínteres común. Confederarse ó unir¬ se, formar alianzas con el laudable fin de castigar y ven¬ gar los atentados de la codicia, es defender la causa de las leyes y de la humanidad, esto es la causa sacre¬ santa de la justicia. Luego nadie nos podrá echar en cara, nadie será tan osado que repruebe por criminal contemplación, por motivos personales ô pseudo-politicos, empleemos la fuerza, usemos de los recursos naturales, y pongamos en movimiento toda la maquinaria guerre¬ ra, vapor y pólvora fulminante, contra aquellos que se declaran nuestros enemigos alevosos; que para con no¬ sotros violan las leyes de la sociabilidad; que no quie¬ ren concedernos lo que nos pertenece; que se apoderan, ó quieren aposesionarse de cuanto nos está reservado en el patrimonio común de la naturaleza; que ponen los medios, y preparan todo jénero de trampas para robar¬ nos nuestras propias ventajas, y destruirlas para siem¬ pre. De consiguiente, podemos concluir, aunque se sin forma silogística ó escolástica, que por derecho y por deber las naciones se arman contra la opresión gene¬ ral, para sacudir y romper el yugo de aquel tirano, por ejemplo nuestro D. Dieguito, que pretende encadenar el mar Pacifico, el comercio y la industria del Perú, sin más razón, sin más justicia que el monopolio que se ha propuesto hacer con los depósitos y mercados de Val¬ paraiso. Nuestro famoso Contrabandista, sepa U. que la justicia tiene sus derechos, y también la opresión tiene sus límites: nos han herido U. en lo más sagrado; ha violado se señoría nuestros imprescriptibles derechos, ha vulnerado el honor nacional, y la opresión ha llega¬ do a su colmo: es preciso destruirla, precipitarla, y cree¬ mos que no es obra de Romanos. Demasiado modera¬ da y prudente ha sido hasta aquí la conducta del Pro¬ tector Supremo; en su política generosa se ha acorda¬ do de los Chilenos que ama como hombre y como po¬ lítico; pero las ofensas de Portales han sido de tal mag¬ nitud, las cosas han llegado á un punto tal que los in¬ tereses del pueblo peruano y los de la administración, que los dirije y representa, se han concentrado; la vin¬ dicta pública pide el desagravio. El partido está toma¬ do de parecer ó triunfar: esta decisión es la que en la guerra, cuando es justa, da buenos resultados; la que da energía heroíca, cuando se emprende por razones jus¬ tas. No debemos ya vacilar, á la vista de tanta perfi¬ dia, ni dudar acerca de la resolución que debemos to¬ mar. La incertidumbre es un tercer camino entre la derrota y la victoria, pero tampoco es el del recurso. Lopes y Atacama fueron caminos que trillaron los Es¬ pañoles de la Conquista. Nosotros no somos de peores piernas, ni menos esforzados y sufridos. ¿Por qué no emprenderiamos este paseo militar hasta Cojumbo, don¬ de después de un descanso, vendrían los Chilenos á aclamarnos por sus libertadores? Vaya este aviso como de paso para quíen no necesita de grandes derroteros, ni mapas para guiarnos á la victoria. Los que han su¬ perado cumbres nevadas, lluvias, cordilleras, hambres, privaciones de todo género, para alcanzar laureles en Yanacocha y Socabaya, sabrán pisar la blanda arena en un clima templado y suave. Nosotros opinamos que para acabar con esta guer¬ ra sorda, para espantar al audaz Contrabandista y a sus satélites, y libertar á los desgraciados Chilenos, nues¬ tros hermanos, no hai que perder mas tiempo, no hai porque contemporizar: unamonos y vamos al hermoso Chi¬ le á hacer volar mas que de prisa al Señor D. Diego, y restituyamos aquellos habitantes al sosiego y al orden que les ha robado un infame revolucionario. Nos sobran motivos poderosos, razones justificativas para concluir la guerra actual, de nueva invención, de ceremonia, susci¬ tada por un usurpador, siempre agresor sin causa justa y suficiente, tan perjudicial á Chile como al Perú. Ani¬ bal decía que solo en Roma se vencía á los Romanos; y si no hubiese sufrido el yugo de Anibal. Lo mismo decimos nosotros: solo en Valparaíso se vence a D. Dieguito, es necesario irlo a buscar en sus almacenes, en el teatro de su monopolio, de lo contrario no se ti¬ rará un tiro y la guerra seguirá al comercio ChilenoPeruano. Ya que la injusticia es de tanto tamaño, ya que ofende á dos naciones unidas en intereses y seti¬ mientos, tan patente a los ojos de todos ¿quién echara pie atras, cuando el ofensor común nos llama contra él? Este paso interesa á Chilenos y Peruano, es del interes de ambos contra los atentados de Portales. Es menester encadenarlo como tigre, humillarlo ó que se vaya al otro mundo; pues que la lei de la humanidad pone restricciones al derecho estricto de la guerra. Va¬ mos, corramos al socorro de nuestros hermanos de Chi¬ le, ellos nos recibiran con los brazos abiertos; regene¬ remos aquella República por medio del amor al orden y de la moderación, que siempre ha sido la divisa del Ejército Unido y de su ínclito Capitán. Pongamos al hermoso Chile bajo la protección de las leyes de la so¬ ciedad Americana. Los Perú-Bolivianos, armados para vengar las in¬ fracciones solemnes, las guerras de los pirtas portali¬ nos los atentados a sus propiedades, los insultos hechos al territorio, y al Gobierno paternal del Protectorado, llevan todos por uniforme el de la razón y la equidad; y la sabiduría, el talisman de su amado Santa-Cruz, ha sabido conciliar los planes mas acertados, la rapidez y magnitud de los movimientos, con la facilidad de la eje¬ cución y con el secreto, que es el alma de la victoria. El cielo que ordenala justicia, lo ha declarado el Pro¬ tector de la justa causa. La equidad es un baluarte, un alcazar inexpugnable; la naturaleza entera caera an¬ tes que un trono que tiene por cimiento a esta deidad. El interés universal de todos los Reyes y de todos los Pueblos es sostenerla. Santa-Cruz, que es sostenido por la justicia y la equidad; para quien el orden es su es¬ trella polar, de la voz de ataque. Todo los pechos que le son deudores del Protectorado, le responderán: mue¬ ra el que despreciando el derecho de gentes, la fe de los tratados, ultraja el honor nacional, y nos quiere des¬ porjar de nuestras propiedades. Chilenos y Peruanos: la unidad de interes nos llama á unir nuestros votos y esfuerzos; una venganza común debe inspirar a Porta¬ les y a su gobierno una consternación que lo haga ar¬ rrepentirse. Acabemos con esos enemigos de nuestro re¬ poso, llevando por divisa cerdad y razón.

Errata notable en el número 5.to

Cuarta columna linea 34 dice -coloca lease soloza.

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