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EL OBSERVADOR IMPARCIAL

Se publicará los martes, jueves y sába¬
dos de cada semana, exeptuando los
que sean festivos: se admiten subscrip¬
ciones en la tienda de Don José Do¬
rado calle de Judios, y en la imprenta

Republicana de D. José María Con¬
cha calle de la Coca, al precio de ocho
reales adelantados por cada doce nú¬
meros. En los mismos lugares se ven¬
derán también los números sueltos.

N. 1.o —LIMA MARTES 12 DE JULIO DE 1831—1 RL.

ADVERTENCIA PARA AHORA Y SIEMPRE.

El verdadero objeto de toda discusión en
cualquier materia, es hallar la verdad; y por lo
tanto debe prescindirse de quien es el sujeto que
opina, atendiendo solamente al valor de sus ra¬
zones. Esta verdad innegable está por desgra¬
cia tan olvidada entre nosotros, que causa es¬
trañeza ver a muchos hombres a quienes cierta¬
mente no se les puede negar su instrucción, ad¬
mirar opiniones las más ridículas, y discursos los
más desatinados, solo porque los pronunció el
señor D. N. ó D. H. que se llaman ilustrados y
liberales; mientras se desprecia o no se da oidos
a razones del mayor peso, si por casualidad son
dichas por alguno que lleve cualquiera nota de
las que el envidioso vulgo de los escritores suele
inventar en menosprecio del mérito verdadero.
Semejante parcialidad y prevención arrastrará
siempre en pos de sí males y perjuicios incalcu¬
lables.

El hombre que una vez se llegó a persua¬
dir que los demás lo reputan por grande en sa¬
biduría, y que para inclinar a otros a pensar co¬
mo él, le basta solamente mostrar su opinión; si¬
no es inútil, vale para poco. Ha dormido en los
brazos de la fortuna, que cree haber adquirido,
y cuida ya muy poco de trabajar por merecer¬
la. La lectura, el consejo del hombre ilustrado,
la atenta y continuada meditación, son cosas
que reputa inútiles, ó al menos como no necesa¬
rias. ¿Y qué acierto podrá esperarse del conse¬
jo de un hombre falto de estímulo, aplaudido de
una multitud ignorante, parcial o seducida del
prestijio, aun cuando sus disposiciones sean las
más excelentes? Si alguno o algunos hay en el
caso que pintámos, la esperiencia responderá por
nosotros. Desengañémonos; mientras no se pres¬
cinda del carácter y circunstancias de los suje¬
tos que opinan sobre los asuntos públicos, nada
adelantarémos; la verdad no necesita de la re¬
comendación que pueda darle el sujeto que la
defienda; ella por si sola basta para obrar eficaz¬
mente en el corazón del hombre honrado y
sin prevención. Todo aquel a quien la providen¬
cia se dignó dotarlo con potencias despejadas,
aun cuando carezca de instrucción, debe aver¬
gonzarse de que un semejante suyo esclavize su
razón por cualquiera especie de ascendiente.
Para verlo justo y útil en el mayor número de
asuntos, basta solo la dosis de talento que la

naturaleza ha concedido a todo hombre bien
organizado: lo que se necesita es honradez y
deseos de hacer el bien. No fomentémos de hoy
más el engreimiento de ciertos entes, que se han
constituido corífeos de una multitud que ciega¬
mente los sigue por verlos elevados algo más so¬
bre la esfera de dichos muchos más ignorantes
que ellos.

Nosotros por fortuna no conocemos dife¬
rencia de partidos, ni el prestijio de la opinión
nos seduce tanto, que a semejanza de varios,
alabemos los defectos en unos, y vituperémos en
otros lo más racional y equitativo, cuando no es
conforme a las miras de los que se creen oráculos.

CONGRESO—CÁMARA DE DIPUTADOS.

SESIÓN DEL DÍA 21 DE JUNIO.

Observamos tan estraviada la opinion pú¬
blica acerca de los motivos que ocasionaron la
importante sesión de este día y siguientes, como
también sobre su objeto y circunstancias, que
nos ha parecido oportuno hacer de todo un aná¬
lisis lijero y sencillo; pero que poniendo bajo el
preciso punto de vista la cuestión, fije los áni¬
mos en lo que verdaderamente haya de cierto
y positivo.

Han creído muchos que el fin principal del
arrivo de S. E. el jeneral Presidente a esta capi¬
tal el 8 de junio último, no fue otro que recavar
se le concediesen facultades estraordinarias pa¬
ra proceder según ellas en nuestra actual situa¬
ción, con respecto a la república de Bolivia, y pe¬
dir también injentes sumas de dinero para lle¬
var al cabo la empresa. Otros han limitado su
pensamiento a que solo pedía permiso para abrir
la guerra, y es cabalmente lo que anda más vali¬
do, por cuanto han dado márjen a creerlo así las
espresiones y términos de que usaron algunos SS.
diputados al emitir sus votos sobre la materia
ante la asamblea nacional. Tanto es esto, que
habiendo resultado de los debates de la cáma¬
ra la adopción de otras medidas, o más bien no
habiendo sancionado la declaratoria de guerra
contra Bolivia, se ha contado este incidente co¬
mo un triunfo reportado sobre las miras y pre¬
tenciones del presidente de la república. Vamos
pues, a acallar la algazara de los malignos, a
desvanecer la ilusión de los torpes, y a ilustrar el
espíritu de los incautos, a ver si cesa el escánda¬

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